¿Que lleva a un ser humano a convertirse en un torturador? ¿La estupidez, la enfermedad, la ceguera, el odio, el beneficio, la inmisericordia?
Pero no son solo esas las preguntas:
Aquí se puede ver un artículo de Time sobre los médicos norteamericanos que colaboran con la tortura en Irak.
Un doctor, junto con un sacerdote y con un poeta son las profesiones más elevadas del espíritu y que, en general y que a pesar de algunos materialistas doctores estéticos, menos buscan el dinero, el parangón social y más el prurito personal dela victoria contra la muerte y el dolor. Es por esto que están más cerca de los dioses y tocan la filosofía con dedos tiernos y artesanos.
Cuando un sacerdote pierde la fe, un poeta alaba y enjabona a los poderes y, mucho más, cuando un médico se convierte en torturador, en ese momento, los copos de nieve que siempre caen en algún lugar del mundo se precipitan más rápido y un poco más grises, como si las alas de los ángeles, que no vemos, batieran más negras, más turbias y más enfadadas.
El menestral
Dr Mengele, presto a colaborar con al absurdo, con el retraso del
avance a cualquier precio y con la muerte, sobrevuela sobre estos médicos del horror, de la tortura, en Irak, en Alemania, en Argentina, en
Guantánamo, en mil sitios más donde la vida del ser humano
no vale nada y donde la filosofía del “todo por el fin” se escondía del más oscuro Maquiavelo. Ahora se viste de guerra contra el terror y, al mismo tiempo, esta guerra contra el terror alimenta al terror para, a su vez y en espiral
atacarnos duro y sin misericordia en regocijo de
destrudo. Un médico que colabora es un necio, un torpe, un falso, un profeta del horror, más vale ser soldado en trinchera que médico de bata, traje y hospitalidad en la sonrisa y muerte en las manos. (entrevista aun médico de
Amnistía Internacional aquí). Un médico torturador tiene una carga de sueño insomne y de pesadilla pospuesta hasta esté
instante. El monumento a destrudo a partir de su antecesor tánatos (el
tánatos que vive en la ignorancia y en dar la espalda al conocimiento del daño) De nada vale arguir el deber o la obligación como el infame
Eichmann en Jerusalem, un hombre y más un médico ha de poner su deontología por encima de esas
“presuntas” obligaciones asesinas porque sino nada valdría nada. Mientras cada uno ha de sentir el
fuego interior, el horror de que la
guerra, infame,
inmoral, inútil, torpe no es la solución pero el
epítome de la
guerra 2.0 (la nueva etapa de la
guerra sucia, la que no distingue entre civiles y militares y la que confunde y mezcla terrorismo y guerra abierta, propaganda y realidad: Irak o Israel aunque pueden ser la misma guerra).

La solución: ponerlo de manifiesto, avergonzar a los degolladores y torturadores,
vigilancia de las instituciones internacionales y presión de la opinión pública (de aquí no conviene olvidar a los bloggers como activistas sedentarios).
Dixie & bonhamled Si no me quejo, si no lo digo, si no lo pongo de manifiesto entonces colaboro y, eso no, sería el traicionar lo que quise encontrar